domingo, 18 de diciembre de 2011
Relato inédito VII: Consuelo... y la permanencia.
jueves, 7 de julio de 2011
Relato inédito VI: El museo experimental "El Eco": ¿Soporte o espacio?



*El texto fue preparado para la clase "Arquitectura, arte y sociedad", impartida por el Arq. Felipe Leal dentro del programa de Maestría en Arquitectura, en la Facultad de Arquitectura de la UNAM. México, D.F., septiembre de 2006.
jueves, 28 de abril de 2011
Relato inédito V: ¡Yo también quiero estar en el museo!

martes, 28 de diciembre de 2010
Relato inédito IV: Vida longa e prolífica.

[1] Hace una década salió de prensa el libro Curves of Time: Oscar Niemeyer memoirs, editado por Phaidon. En esta publicación se incluyen textos que conforman una de las piezas biográficas más completas en torno al arquitecto brasileño.
viernes, 26 de noviembre de 2010
Relato inédito III: ¿Esto es arte? Los síntomas de la fruición estética en el arte contemporáneo.
Ayer concluimos la clase de Historia del Arte y la Cultura en la Facultad de Arquitectura y Diseño de la UABC y, como ha venido sucediendo en los últimos dos años, el curso cerró con una serie de exposiciones por parte de los alumnos en los cuales se estudiaron algunos ejemplos del arte moderno, ubicándonos en el marco de sus respectivas tendencias (dadaísmo, expresionismo abstracto, land art, entre otros). En cada uno de estos cinco semestres el común denominador ha sido la confrontación de opiniones, mismas que suelen dejarnos situados en la pausa ante esta cuestión: "Entonces, ¿qué es arte?" Celebrando estos dos años de enriquecedoras experiencias publico ahora un breve texto que -en aquel momento- solamente intentaba resumir el capítulo "La fruición estética" del libro Las oscilaciones del gusto. El arte de hoy entre la tecnocracia y el comunismo, obra del crítico de arte, pintor y filósofo italiano Gillo Dorfles.
En definitiva, el acto creativo no se realiza por el artista sólo; el espectador pone la obra en contacto con el mundo exterior descifrando, e interpretando, sus características internas, y con ello añade su contribución al acto creativo. Esto llega a ser más evidente cuando la posteridad da su veredicto final y, a veces, rehabilita a artistas olvidados.
Marcel Duchamp, 1956.
Cuántas veces hemos escuchado en alguna galería o sala de arte moderno o contemporáneo, la reacción que peyorativamente el público hace al encontrarse con una obra ya sea de arte conceptual o arte pop; dadaísmo o expresionismo abstracto... "¿Esto es arte? ¡Es una burla! ¡Hasta yo lo puedo hacer! Entonces, ¡yo también soy artista!" Esto puedo apuntarlo como sintomático de la fruición o disfrute estético de nuestros días.
Esta resistencia al arte contemporáneo por una buena parte de ciertos grupos de espectadores se puede revelar como un estancamiento en aquello que etiquetamos como “gusto”. Esa añeja noción de “buen gusto”, cuyo enfoque estaba basado en los antiguos cánones que indicaban qué era belleza y qué era arte, o del “mal gusto”, que era todo aquello que no consideraban los dogmas como objeto artístico, parece estar aún presente, acentuándose el rigor de despreciar nuevas expresiones cuando surgen -hace ya un siglo- movimientos de repulsa como el Dadá.
Al surgir este arte de repulsa por ejemplo, posicionado en contra de los cánones, de los lugares “dignos” para exhibir el arte, de la crítica de arte y de la burguesía en ciernes que se jactaba ya de tener voz para calificar qué entraría o no en una de sus galerías, se da por sentado que el arte como tal ha muerto. Esta revolución, que viene a ser el germen tanto del expresionismo abstracto como del arte póvera, o del art brut, pone para muchos en tela de duda el valor de la producción artística de nuestros días; de tal modo que la idea de objeto de arte perdurable se esfuma, ya no hay monumentos; el objeto ya no tiende a la permanencia, sino a lo efímero, a lo desmontable, a lo desechable. Incluso, el objeto resultante como tal ya carece de valor, lo que importa y trasciende es el proceso. El culto al objeto ha fenecido, el pensamiento se revalora -o valora- como recurso.
Detrás de una simple lata de sopa Campbell’s existe un trasfondo más fuerte que el mero placer de exhibir lo cotidiano, lo popular. Si se juzga entonces quién es o no artista… ¿Quién tiene en nuestros días el poder o la capacidad de ejercer la crítica?
*El texto fue preparado para la clase "Arquitectura, arte y sociedad", impartida por el Arq. Felipe Leal dentro del programa de Maestría en Arquitectura, en la Facultad de Arquitectura de la UNAM. México, D.F., octubre de 2006.
viernes, 1 de octubre de 2010
Relato inédito II: "Las batallas en el desierto" La memoria arquitectónica como mecanismo de defensa. (Revisitando la obra de José Emilio Pacheco).
Oye, Carlos, ¿por qué tuviste
que salirte de la escuela esta mañana?
Oye, Carlos, ¿por qué tuviste
que decirle que la amabas, a Mariana?*
Las batallas en el desierto, obra del escritor José Emilio Pacheco, exhibe una fascinación por conectar los hechos de manera inseparable con lugares concretos, lugares que existen -o existieron-, paisajes urbanos que hoy en día no pueden negar sus preexistencias: calles, arquitecturas, barrios; imágenes vagas de aquello que hoy son vestigios, fragmentos del imaginario que sólo quienes pueblan estos territorios podrán dar testimonio, hacer mitos o construir leyendas.
Leyendas como la de Mariana; como la de Carlos; como la mía que al cumplir diez años de edad emigro al noroeste del país, aunque mi infancia quedó realmente instalada en una colonia de la Ciudad de México; fue cuando cambié de escuela, de amigos -incluso de familia-, de calles para jugar, de luces y de sombras... Hoy, 18 años después, regreso; aquel paisaje dista un tanto de ser el mismo de hace casi dos décadas. La nostalgia me invade por que los que habitan aquel lugar, preservado como tal ya sólo en mi memoria, ya no es el mismo; yo ya no soy el mismo. Así, en la cartografía de José Emilio Pacheco se ha borrado la noción de permanencia.

Se es consciente que la ciudad cambia, se renueva; algunos de sus destinos han muerto para dar vida a otros. Recordar la melodía de algún bolero de antaño, se liga con la imagen de alguna esquina de “la Roma”; cruzar hoy una avenida, recuerda el paso de aquel tranvía por Insurgentes que dista mucho de asemejarse al metrobús de nuestros días.
Es interesante darse cuenta que, como una suerte de mecanismo de defensa, nos resistimos al cambio, por bruscos o sutiles que estos puedan ser. Carlos jamás aceptó la muerte de Mariana… el derrumbe de aquella habitación en la cual fue declarado su prematuro amor ante ella… el colapso de su otrora escuela. Todo esto, relatado en un lenguaje coloquial aderezado con acontecimientos de la vida política del país, así como de retratos de la familia mexicana, se coloca a la novela lejos de cualquier ficción.
Así también, resulta en algo gratificante descubrir que dentro de estos territorios del arte, la arquitectura tiene sobre las historias y sus personajes (protagonistas o antagonistas) una pregnancia inigualable a cualquier otra expresión.
Una vez más, la arquitectura constata su vocación -parafraseando a Octavio Paz- como testigo insobornable de la historia...
*Fragmento de la canción “Las batallas” (Café Tacvba, 1992).
**El texto fue preparado para la clase "Arquitectura, arte y sociedad", impartida por el Arq. Felipe Leal dentro del programa de Maestría en Arquitectura, en la Facultad de Arquitectura de la UNAM. México, D.F., septiembre de 2006. La fotografía corresponde a la imagen actual del edificio en el cual viví los primeros tres años de mi infancia, inmueble ubicado en la calle de Tlacotalpan, Colonia Roma Sur. México, D.F.
domingo, 19 de septiembre de 2010
Relato inédito I: El sismo de 1985.



